miércoles, 1 de junio de 2011

Los colores del alba


Menospreciando los colores del alba se escondió entre sus brazos y le pidió al tiempo que parara. Como un bolero, que reza su mismo deseo, se quedó pensando reiteradas frases que rompían los limites de su mente y se figuraban en la habitación.

La luz cristalizada rebotando traía recuerdos de café y cigarrillos; los ojos zarcos alumbran de más y crean distracciones que obligan un cumplido: tu belleza como una mirada lejana que se vuelve difusa cuando solo te mire una vez y sepa que eres la luz de mi destino. La sonrisa cómplice de siempre y de todos, la desconfianza de no creer y el beso que todo sublima.
Creyó en las verdades, en la libre interpretación del engaño de los sentidos y pagó el precio. Las cuentas abultadas que trae sostener un principio equívoco hasta el final.

Menospreció los colores de alba y los brazos que fueron su escondite la dejaron bajo el cuidado del sol.

lunes, 16 de mayo de 2011

No sabía que escribir y encontré esto en mi mente.

Me encontré solo ante el teclado y rodeado de inverosímiles seres que asentían o negaban con la cabeza. Sin inspiración buscando alguna historia para contar y no encuentro ninguna. Siento que el vocabulario se contrae, se pierde, que las letras leídas se olvidan, que desearía ser más creativo como Fellini haciendo una película sobre su falta de creatividad. Eso fue aire creativo.

Enfrentado con la hoja en blanco y sin tinta desplegada el terror toma por completo las manos. Tiemblan y dudan, como un virgen en su primera vez o un locutor ante su primer evento grande, con miles de caras mirando, atentas o no, pero mirando, observando, el primer error y la referencia posterior; el sudor frío.

Y es así que me miro a mi mismo, alzo la vista y los veo a todos alrededor. Pienso que la humilde expresión humana necesita espacios para liberarse de la opresión de la vida cotidiana y del peso moral impuesto por los pares alrededor; la soledad es un remedio.

lunes, 2 de mayo de 2011

Entre las sillas, las hojas

Facu y cada historia sobre lo loco del mundo, se reiteran día a día; como si no supiera que es una locura vivir, pero es el acto mismo de la existencia y ha sido así no solo ahora. Es de esos que se compromete con las actividades y canta canciones en actos de protesta. No creo que sea muy reconocido, se perdió la combatividad militante hace años, a pesar de la insistencia teatral de los medios.

Nos sentamos en la peatonal para el desayuno, al fin, es lindo y no es tan caro. Trece pesos, medialunas, café con leche y jugo exprimido de naranja, una ganga. Nos deleita la conversación casi discusión que tenemos siempre que se abre la primer boca y el sobre de azúcar se agita para endulzar ese liquido en la taza. Hablamos de política y el peronismo como cáncer pero vos no entendés nada me dijo, claro que no entiendo, si yo sufrí la censura, vos no sabes nada. Así nos gusta nuestra amistad y de esos momentos en que el sol de Mendoza se escabulle entre las hojas, la mañana, digna de un paraíso.

El auto nuevo de Facu y se vienen las vacaciones, está contento, me voy al mar, yo parto al sur, te acordás que es mi sueño conocer Aluminé y esa zona, no tengo idea pero me mando igual, le conté y nos reímos. Nos vemos a la vuelta amigo, a ver si levantas algo este verano. Risas, un último humo y año nuevo.

Ahora entiendo su preocupación por lo loco del mundo. Asi de simple, nada de palabras que precisan ser buscadas en el diccionario. Lo loco del mundo, la redundancia del día a día y llevar por siempre las manchas que no se lavan; eso es lo loco, no habrá más discusiones ni desayunos en la peatonal, ni que Cortázar es el dueño de la prosa, ni que el Tomba puede ser campeón de América, ni mi club sin Libertadores y la burla constante de todos los días sobre lo mismo.

Recibí el llamado esa misma mañana, alrededor de las nueve, dormía placidamente. La noche anterior, como tantas otras, poca gira, película, algo de amor en el sillón y dormir porque son los últimos entrenamientos antes de las vacaciones. El mensaje de Facu en el celular, suerte querido, nos vemos a la vuelta.

Esa mañana que no existe en los libros porque fue mía y no de Facu, que se perdió el control del auto, cristales, vuelco, pero era una autopista como pudo pasar eso, sos periodista sabes que pasan cosas mucho más estúpidas. Colgué y Facu a mi lado, prendiendo un puchito barato por avaro. Las lagrimas en los ojos y el vacío que se siente cuando se ha perdido algo esencial. Caminé al placard, vestirme y salir, ruta mediante. Entre las remeras oscuras, una roja me llamó la atención; cuando fuimos a jugar un picadito se olvidó la remera en casa, en su escudo la insignia del himno del club inglés de esa mítica ciudad de los Beatles. Entendí el peso de los símbolos, la publicidad de una cerveza desconocida y en el escudo una leyenda, mientras Facu daba las últimas pitadas al cigarrillo.

lunes, 25 de abril de 2011

El balde

Camicasio era el mejor en su rubro. Un ascético de su arte, como él llamaba “la lustración de zapatos”. No es ese el nombre de su profesión pero para él era así y los cambios no son su estilo.
Además de los elementos de trabajo, siempre llevaba un balde en la mano. No era necesario si tenía el cepillo y las pomadas, la capacidad, paciencia y vamos andando. Pero el balde…
La primavera era su estación favorita, Camicasio, le contaba a don Petrovsky, sobre sus sueños amorosos y además que se sentía una flor, porque el pelo se le abría de una manera singular, le crecía y se coloreaba y esa era la razón por la cual no trabajaba desde mediados de septiembre a diciembre.

Petrovsky era su apodo por supuesto. Ruso nativo, se escapó en los años de la vieja República Soviética y se instaló en una casa de dos ambientes en Benegas. Amante de Turguenev (o Turgueniev como le dicen también) y de la prosa de Tolstoi, hombre de armas tomar, esbelto pero añejo. Se enamoró del malbec en una noche de fatigas lejanas y dos copas en cada comida. Nunca reveló su nombre a los vecinos, “no viene al caso” comentaba en imperfecto español; para todos era “petrosky“. Mantuvo algún que otro encontronazo de intereses poco morales con Analía, la chica encargada del almacén de calle Roca. Nadie se enteró hasta que el novio la vio llevando dos kilos de pan y trescientos gramos de queso cremoso a la casa de Petrovsky, pasar la puerta, instalarse dos horas, treinta y tres minutos y cuarenta segundos. Tiempo cronometrado.
Camicasio escuchaba atentamente las historia de Petrovsky, porque no le entendía mucho y perderle el hilo era una falta de respeto, uno de los mejores clientes que uno puede encontrar en estos días, nublados, húmedos.
- Humedad, llovizna y frío… - cantaba Camicasio cuando ve doblar la esquina al emblemático al ruso.
- Camicasio. ¿Cómo lo trata el tiempo? - mientras el ruso se acomodaba mostrando sus lustrados zapatos, siempre limpios, pero la visita era una cortesía inevitable los martes.
- Como ve, no me gustan estos días, la humedad hace que mi cuero cabelludo empiece a brotarse cada vez y las flores… ¿recuerda lo que le conté sobre mi cabeza que se hace multicolor? Bueno, mire -. El ruso miró desconcertado una pequeña flor escondida entre los pelos del lustrador. Amarilla, pequeña, como esas pequeñas que nacen en el pasto.
- Nunca había visto tal cosa. ¿ha visto a un médico? Tal vez lo ayude. - replicó el absorto Petrovsky.
- No me lo va a creer - dijo Cami - El otro día, que hubo algo de sol, encontré una flor vió, y claro, no podía creerlo, pero usted sabe lo de la primavera que no salgo y esas cosas. Bueno, tengo miedo, debo confesarle. Una avispa comenzó a merodearme la cabeza, luego vino una abeja y extrajo el polen y se fue. Si es una flor sola no creo que haya mayores problemas, pero imagínese si salen otras, más abejas, no por favor.
Petro trató de calmarlo, pero el miedo tomó por completo a Camicasio, que no le gustaban las abejas y menos las avispas, que le hacían recordar a su ex mujer porque “ronda pero no pica”.

Analía siguió sus visitas de diligencia a casa del ruso. Aunque este quedó preocupado por la situación del único oyente que tenía, porque Analía era metódica en sus gustos de sabana y la almohada en la punta porque me gusta apoyar la pierna derecha ahí pero de hablar más de diez minutos nada, porque tengo que ir al almacén a trabajar.
Camicasio y la mano revolviendo el pelo todas las mañanas en busca de más flores, y un sábado, encontró otra flor y luego otra detrás de la oreja. Corrió hielo por las venas del lustrador.
Fue a trabajar como todos los sabados y nuevamente Petro apareció, esta vez se dio cuenta de entrada del mal humor del lustrabotas.
- Amigo Camicasio, usted anda mal
- Ni decir señor Petrovsky, mire - Le mostró las nuevas flores. Una era violeta y la otra era “no amarilla”.
- ¿Qué color es ese? Es un amarillo tal vez pero no y tampoco blanco
- Para mi es no amarillo, Es amarillo pero no es. Es no amarillo.
- No existe tal cosa -. Pero Petrovsky no entendía la magnitud del asunto o por lo menos la magnitud que tenía para el lustrador, que lloraba desconsolado.
El ruso, el asombro y sus zapatos volvieron a Benegas. Tal vez en un libro, se preguntó, pero las respuestas hay que buscarlas en las causas se dijo y ¿qué puede causar tal mal? El tiempo como expresión misma de la ansiedad.

El domingo Camicasio despertó entre sueños de amor y recuerdos de primavera, y María, la que era avispa pero nunca picaba, tan linda si estuviera en casa de vuelta. Se levantó somnoliento pero sonriente; jornada laboral. Tomó el balde, trapo, cepillo, pomadas y al abrir la puerta, una lluvia de colores invadió el lugar. Las flores giraron buscando el sol, la fotosíntesis, su reproducción más intima. Las más felices eran las ubicadas en las sienes, podían esconderse del sol por momentos, jugar en la sombra, dependiendo de la ubicación del portador de las mismas, que como maceta se quedo petrificado, al ver que una abeja sigilosa se ubicó cerca de su oreja. La tomó, la apretó para aniquilarla y el aguijón se clavo en la palma de la mano derecha. A lo lejos un zumbido, las flores contentas, sonreían entre ellas y Camicasio sin sorpresa siguió caminando.

lunes, 18 de abril de 2011

Disertaciones varias en los primeros minutos del diecinueve de abril

El fin simbólico del verano es la excusa perfecta para jugar con las palabras y preguntarle a ella sobre su mal humor, el desenlace de los días y la semana santa que se avecina. Es la razón mas fácil de argumentar porque el frío encierra a los personas en abrigos y las tristezas resurgen detrás del cierre de la campera.
El fin simbólico del verano fue el miercoles pasado cuando un zonda de los de siempre bajó al llano. Nada nuevo bajo el sol y esto no es una declaración contundente, solo un rejunte de memorias a la espera de algo. Tema común: esperar. ¿Pero qué?
Muchas cosas. Algunos esperan por el próximo partido de Godoy Cruz o las mejores jugadas del fin de semana pasado en forma de resumen televisivo. Un programa de radio amable y gentil que haga las veces de esa compañia ausente. Vivimos esperando, con paciencia o ansiedad: la llegada del verano,que se vaya el verano, que venga el invierno, adiós invierno, hola primavera quedate para siempre pero que llegen las vacaciones y me cansé de no hacer nada que vuelva la rutina. Un círculo de costumbre. El heladero es la vida y vos sos el que pierde tiempo eligiendo los sabores y los minutos no volverán.
No nos vamos a andar quejando de los minutos perdidos. Pienso en que hay que dejar la ansiedad para otros días que no vendrán. No hay que alarmarse porque las historias renazcan día a día. Todo lo nuevo ha de ser bienvenido si trae alegría en paquetes o maldecido si trae desgracia y depresión.
Al fin de cuentas, es más complicado ser feliz que pensar que se es feliz. Son dos estados distintos. Uno es la concreción de un estado perfecto inalcansable por los seres, otro es la negación de un estado normal en los seres. Analogías varias para ambos casos sería un desperdicio de letras repetidas. Y estas letras son repetidas, porque no hay nada nuevo bajo esta luna que me ilumina en Dorrego esta noche. Solo me queda imaginar alguna que otra historia de los que lean esto o no, de los que se esconden en sensaciones irrelevantes, en conversaciones sutiles y en amores sin validez romántica.

No hay que preocuparse; siempre estaré ahí y viviremos para siempre.

domingo, 17 de abril de 2011

Carente de métrica

Cada ilusión del espíritu se pierde en las avenidas más pobladas de la ciudad.

Me pregunto ante todo eso si es posible encontrarle una compatibilidad al alma o una dialéctica perfecta. Alguna lucha de poder, o encuentro de índole superior.

Cada duda es un fracaso de la razón. Vivimos en tiempos paralelos, no conjugados.

Los ojos se secan; faltan lágrimas. Faltó llorar. Faltará tiempo.


miércoles, 13 de abril de 2011

Situaciones. (uno)

Una cosa puede tener un solo significado pero los demás detectan otros mucho más ocultos y describen soluciones en laberintos indescifrables donde la única salida es la muerte.

Situación uno: lo que no se vio en la "poética" de Aristóteles

Un teatro de una pequeña, simpática y acogedora ciudad recibe por primera vez a un conjunto galo de música sacra. El evento, de carácter excepcional, rompe los esquemas de todos los shows hasta ahora presentados en la localidad. Más de tres mil personas (el doble de población de la ciudad, que no sería una ciudad pero si se le llama pueblo alguien puede perder sus noblezas) se dieron a la cita. El coro galo comenzó a cantar una reversión remasterizada y reeditada por el director de “I want to know what love is” de The Foreigners, que con una base electrónica guió a sus coristas a una explosión de sensualidad que contagió a los presentes, enfervorizándolos de tal manera, que un grupo de mujeres atacadas por los orgásmicos acordes abusaron de tres hombres con bigote que estaban sentados tranquilamente en los asientos 2, 3 y 4 del viejo pullman. Pero solo fue el primer aleteo de la mariposa, porque todo el pullman e inclusive la planta baja se entrego a la pasión, que terminaría en escasos minutos, producto de una “falla técnica” en el reforzamiento de las columnas que sostenían el añejo pullman y puff se desplomó, aplastando a gran parte del público.