martes, 22 de mayo de 2012

Poesía n° 2



Necesito encontrarte no solo en las canciones. En la lluvia o en las historias. En el final de cada película y en el silencio de los valles. Frente a casa, fuera de mi, en el licor que me regalaste, en el recuerdo de tus abrazos. En los amores de cada libro, en las novelas más imprecisas y en el sol que me despierta. 

jueves, 12 de abril de 2012

Somos la eternidad





Puedo decir, ante la tiránica inmensidad de la noche, que los relojes pararon para siempre en algún lugar, en alguna canción inesperada, en los recovecos de aquellos que luchan contra sí mismos esperando la redención, en aquellos que mueren en los hospitales, bajo el yugo del vil metal o el fuego de las armas que nuestra humanidad creo para autoabastecer su hambre asesina.
Llora la tierra ante los tratados mineros, llora nuestra agua ante cada toxina, ante cada maldad que oscurece su transitar en los ríos. Mientras exista el sol seguiremos siendo vos y yo, unidad química e irreproducible en cualquier parte del universo. Vos, y yo, todos, nosotros, configuramos la existencia y a través de todo este sin sentido general, somos responsables de la aniquilación de los conceptos de felicidad. Nos entregamos a las maquinarias del capitalismo, que disfrutamos a cada paso y en cada instante que escribimos en busca de una superflua superioridad. Estamos ahí, ante todo, como si fuéramos una nada que pasa y se deshace.
Quisiera utilizar un fragmento de Jorge Luis Borges en su soberbio poema llamado "manuscrito hallado en un libro de Joseph Conrad", que reza, y ante la mirada de ignaros idealistas:

El humo desdibuja gris las constelaciones
remotas. Lo inmediato pierde prehistoria y nombre.
El mundo es unas cuantas tiernas imprecisiones.
El río, el primer río. El hombre, el primer hombre

Todos somos los ríos que pueblan nuestra vida, nuestra esencia que corre para siempre en forma de agua, de sol, de pájaros en el amanecer que rezan sus plegarias a la luna que se funde en un abrazo con el alba. Todos somos el hombre que firma decretos y ahuyenta su dignidad en dolares. Todos somos los ocho mil bosnios muertos en la masacre de Srebrenica y también somos los generales serbios que sus armas descargaron con ocasionales justificativos. Todos vivimos en Sarajevo, en Bagdad, somos Vietnam y la Roma de Nerón. Somos la inquisición y Malvinas y las Falkland.

Somos la eternidad
Somos el tiempo
La vida. 

domingo, 8 de abril de 2012

Destiempos


Hay tiempos para la guerra, y para desarmar obsesiones ajenas. Hay tiempos para mirarte, encontrarte y escapar para ver si me seguís. Hay tiempos y destiempos, destierros y olvidos, amores para siempre y vos marcada en cada segundo, porque te llevo en mi, en la sangre que corre, en los albores de mi destino.
Tus caídas en la tierra, el vino que nunca tomamos juntos pero todos los vinos que tomé fueron tuyos, porque cuando las copas chocaban resonaba tu voz, tu mirada
Lo irracional de mi idilio radica en el color del paisaje cada vez que aparece tu soberbia perfección.

sábado, 25 de febrero de 2012

Entre el ron y tus indicaciones



Me confesó en privado que había bebido un ron inglés (del cual no tengo más datos) y dialogamos obsesivamente sobre que en ese momento debíamos vernos y beber un vino casualmente adquirido. Fue mi idea y su inteligencia le dio el no antes de salir a mi encuentro. Aunque algo cambió esa noche y he tratado de indagar en estos días qué fue, o por qué; no he tenido respuestas más que una sensación única, irrepetible, que se manifestó en el momento en que nos abrazamos en una siesta sin tiempo ni espacio, bebiendo unas copas de limoncello (que según ella no es lemoncello, como popularmente algunos nombran tan virtuoso licor de limón).

De ahí en más algo se dibujó, como si una obra de arte hubiera tomado el control de la vida. Todo parece ser escrito por una mente maestra, que va colocando los acontecimientos uno tras otro, encontrándonos a propósito y fuera de toda organización civil establecida.

Un incierto miedo me invade.
------------------------------------------
Me pregunto si existirá alguna réplica tuya o si puedo encontrarte en el reflejo de un espejo.

martes, 21 de febrero de 2012

Panacea


Llegué tarde y me preguntaron por qué. La magia me retuvo, contesté y absortos me miraron pero no pasó nada más, o perdí el contacto con el mundo externo y no supe el resto. A otros les conté que conocí el concepto de magia. Algo tan abstracto que se responde con una sonrisa y alguna frase común “qué loco estás”. Estaré loco o no formo parte del tiempo, que se consume y me mira cada vez que le pido cuentas a la soledad, que acecha cuando termino un libro o el cigarrillo que muere invitando el nacimiento de otro, en un círculo que parece ser eterno…


Me dijo algo casi científico: “se necesitan quince abrazos por día”. Fueron uno, dos, tres, tal vez cuatro. Me estoy instruyendo en procesos alquimistas para repetir día a día el instante en que nos fundimos el uno con el otro.

miércoles, 25 de enero de 2012

El color de tu remera



Era rojo o naranja, no recuerdo porque la luz no estaba muy presente en una tarde húmeda y nublada. Si algo raro ocurrió y más allá de la coloración fue saludarte una vez más, como conocidos. Y si, es lo que somos. Pero de ahí en más nada fue igual y aun me quedan dudas de que haya cambiado algo en mi relación con el espacio y el tiempo.
Bajé las escaleras y salí. Me encontré con gran cantidad de personas dando vueltas en ambas direcciones. Yo soy de esos que juega a que el reloj lo persigue. Y a veces, doy la contra y enfrento al reloj para viajar en el tiempo. Aunque estas expresiones no se entiendan muy bien, si lo pensás en frío, te vas a dar cuenta que todos hacemos lo mismo.
Trotaba para calmar la ansiedad. Vi una pareja de hombres de más de treinta años, que seguramente eran amigos, que daban muestras de su virilidad sobre los patines, muy brillantes por cierto. Iban de frente. Dos minutos más tarde la misma escena se repite: los mismos sujetos, con los mismos gestos dirigiéndose hacia el mismo punto cardinal.
Seguí andando, mirando, era solo una distracción con respecto al entorno. Una chica corriendo, de frente, con una remera roja, pasa. Nada que llame la atención, solo el color que era tuyo. Vuelve a pasar de la misma manera, dos minutos después. De la misma manera, como un deja vu. Y se volvió a repetir la misma escena con la misma chica otra vez.
No solo eso, también se repetía el color. Aunque no sé si era porque te buscaba entre la multitud del parque o porque realmente, el día había cambiado en el instante en que nos vimos.

martes, 10 de enero de 2012

Mientras dormías







    Mientras dormías, vimos la vegetación xerófila de Cuyo. Traspasamos un límite y tal vez no te percataste de las divisiones geográficas que separan tierras, que en realidad son un solo lugar, único.

    Mientras dormías (porque disimulás bien el acto del letargo) salimos de una estación y nos encaminamos de nuevo en la ruta, rumbo al mar. Desconozco cuantas pausas tendrá el viaje. También desconozco la inspiración que me lleva a escribir, lo cual no es novedad, las ideas surgen de situaciones poco comunes que estimulan los sentidos.

    Tengo dos opciones: cortar esta hoja de caligrafía ilegible y entregártela en forma de obsequio de dos personas que no se volveran a ver nunca más, o puedo guardar el recuerdo de algo que no es amor, pero que debe nacer en un lugar similar al de las utopías que motivan a hombres y mujeres a luchar por causas irreales.

    Dependiendo quien lea estas letras, será la opción escogida


    Zarevich 
    3 de enero de 2012


    PD: No es una carta, es solo una expresión literaria de un escritor aficionado.